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Con una sala en la que no cabía un alfiler, el Septeto Santiaguero hizo gala de su insuperable directo y encandiló a un público que se lo pasó en grande, en el primero de los dos días programados, 20 y 21 de agosto.

 

  Inició la actuación con una serie de boleros y canciones de la trova más clásica, como la famosa “Cristinita”, de Pepe Sánchez, pieza incluida en su esperado documental “Los Reyes del Son” que se estrenará en La Habana en el próximo otoño. Estos temas íntimos y sabrosos los remata siempre el Septeto con un montuno en el que los bailadores se sueltan para evolucionar con un ritmo mucho más fuerte. Es el caso de “Recuerdos del ayer”, bolero son del chiquitín del grupo, Rudens Matos, que sirvió de puente para conectar con el repertorio más dinámico de los santiagueros.

La clase con que hicieron ese pequeño homenaje a la trova de Santiago de Cuba dejó paso al frenesí de esta especie de “Blues Brothers del Son” en que se han convertido los muchachos de Fernando Dewar . El director del septeto se explayó en sus solos con el tres, imponiendo, de alguna forma, su ley. Hubo solos e improvisaciones de todos y cada uno de los siete. Eddy Lobaina no cejó de trabajar la trompeta que, en ocasiones recordaba el swing de un hot club de jazz, y en otras volaba libre buscando aires más épicos. Hasta Adolfo Aguilera se marcó un solo con el bajo, algo rarísimo en este maestro del tumbao.

Concierto intenso y vibrante el que ofreció el Septeto Santiaguero en la sala que mejor lo ha acogido siempre a este lado del Atlántico. En cada una de sus giras europeas nunca faltan las descargas en el Clamores. Esta vez, la bienvenida –la gira acaba de empezar y se prolongará hasta mediados de octubre- se puede decir que ha sido doblemente “clamorosa”.