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SONGLINES, la revista británica especializada en Músicas del Mundo, destaca el disco de Mariem Hassan, SHOUKA, con una de las mejores críticas del número correspondiente a los meses de agosto y septiembre.

MARIEM HASSAN

 

  HERMOSO A PESAR DE LAS ESPINAS

No han llegado últimamente muchas noticias del Sahara Occidental. Pero no todo está tranquilo en aquel frente. Shouka (La Espina), es un himno desafiante, honesto y elocuente, para orgullo y aliento del pueblo saharaui, así como de su dolor y suplicio desde la invasión marroquí en 1975.

La voz de Mariem, con su crudeza lacerante, líquida intensidad y absorbente poder, es la espina clavada de lleno en el alma mórbida de la conciencia marroquí, o en la apática amnesia del resto del mundo. Pero donde hay espinas, por lo general, suele haber una hermosa flor o una fruta deliciosa.

Shouka no es sólo una patada contra el coro de plañideras. Su paleta de emociones oscila entre el desafío y la melancolía y la coquetería sinuosa, evocando el amor por la patria y la alegría del ardiente y limpio viento del desierto. Todos estos colores están pintados con escuetas palmas, resonantes tebales (tambores), efusivos coros elevándose en el aire, el cálido aliento de las flautas nay, clarinetes evanescentes y el trabajo de filigrana de las guitarras de Lamgaifri Brahim y Malick Diaw, que, en su mejor momento, combina la cruda y sucia tensión sexual del típico blues del sello Chess con los intrincados toques que han hecho tan famoso el estilo de guitarra saharaui.

El veterano equipo de producción de Nubenegra, Manuel Domínguez y el ingeniero Hugo Westerdahl, convierte esta mezcla compleja y matizada en una composición de ordenado ajuste.

El álbum alcanza su apoteosis en el tema que le da título, modestamente escondido en penúltima posición. Es una obra épica de 12 minutos en la que los trallazos quejosos de la Hassan descargan, cual puñetazos, contra la fantasmal grabación del discurso pronunciado en 1976, por el político español y antiguo primer ministro, Felipe González, en los recién establecidos campamentos de refugiados saharauis del oeste de Argelia. Mariem Hassan da a las promesas rotas del político la réplica que se merecen.

Andy Morgan

PRICKLY BUT BEAUTIFUL

There hasn’t been much news from the Western Sahara recently. But all is not quiet on the Western front. Shouka (The Thorn), is a defiantly honest and eloquent hymn to the pride and strength of the Sahraoui people, and to their pain and suffering ever since the Moroccan invasion of 1975.

With its lacerating starkness, molten intensity and gripping power, Mariem Hassan’s voice is the metaphorical thorn plunged deep into the soft soul of the Moroccan conscience, or the rest of the world’s careless amnesia. But where there are thorns, there is usually some beautiful flower or luscious fruit near at hand.

Shouka is not just a kick for self-flagellants. Its palette of emotions ranges from defiance and melancholy to sinuous coquettishness, conveying a love of home and the joy of the hot, clean desert wind. All these colours are painted with stark handclaps, booming tebal drums, fulsome airborne backing vocals, warm breathy nay flutes, ghostly clarinets and the scuttling guitar work of Lamgaifri Brahim and Malick Diaw, which, at its best, combines the raw sexual grime of classic Chess-label blues with the nano-intricacies that have made the Sahraoui guitar style so famous.

The experienced Nubenegra production team of Manuel Domínguez and engineer Hugo Westerdahl give this complex and nuanced mixture a fitting uncluttered and honest setting.

The album reaches its apotheosis in the title-track, modestly tucked away in penultimate position. It’s a 12-minute epic in which Hassan’s whiplash wail spars with the ghostly recording of a speech made by Spanish politician and erstwhile prime minister, Felipe González, in the then newly founded Sahraoui refugee camps in western Algeria back in 1976. Hassan gives the politician’s broken promises the slicing they deserve.

Andy Morgan