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Tras un año de gira, Arde El Aaiún sigue gozando de buena salud. Mariem Hassan ha aprovechado las ocasiones presentadas para ampliar su oferta artística.

MARIEM HASSAN

 

  La Voz del Sáhara no sólo lleva sus canciones sobre la situación del pueblo saharaui a cada uno de los lugares que visita, sino que, en la medida de las posibilidades, despliega un abanico que recorre las distintas facetas de la cultura del Sáhara.

Fue en CLAMORES JAZZ donde debutó en el ambiente cálido de una de las salas más entrañables de la escena madrileña. Las novedades con que llegaba la nueva propuesta discográfica fueron muy bien recibidas en directo.

En el Helsinki, el concierto supuso, además de una fiesta, una clara respuesta al intento de manipulación de que fueron objeto la figura y el mensaje de Mariem por parte de la organización del World Village Festival, presionada por el lobby marroquí.

En Chiasso triple nota. La proyección de su documental provocó el mejor de los debates al que hemos asistido tras el film. Su discurso en torno a la situación de las familias saharauis, rotas tras la ocupación marroquí del Sáhara Occidental, fue esclarecedor. El concierto, de los mejores, con un sonido impecable.

De nuevo en Madrid, el Espacio Ronda vio cómo el grupo crecía con la incorporación de un segundo guitarra, mientras los jóvenes saharauis se lo pasaban en grande.

Posiblemente el momento más potente de Mariem Hassan en Madrid -recordando en cierto modo el memorable concierto en la Plaza de Callao al amparo de Radio 3- fue el 10 de noviembre como colofón de la manifestación pro Sahara Libre que tras recorrer entera la calle Atocha se plantó ante el Ministerio de Asuntos Exteriores. Sin duda ese marco fue un acicate para que canciones como Gdeim Izik o Rahy El Aaiún Egdat sonaran con más rabia y más fuerza que nunca. Y sólo con el concurso de la guitarra de Luis Giménez y las flautas y el saxo de Gabriel Flores.

En Salamanca, fueron tres días de actividad febril, repartidos entre el Conservatorio Superior de Música y la Universidad. Talleres, película, conferencias y concierto, analizando y disfrutando desde todas las perspectivas posibles de la música saharaui.

Lompoul, un pequeño desierto de Senegal, fue la puerta para que un artista del Sáhara Occidental pisara por primera vez los escenarios del país. Entre las numerosas actividades destacó el taller sobre “La otra música saharaui”, seguido con gran atención por un selecto público.

A Ermua, País Vasco, regresó Mariem nueve años después de actuar allí con su añorado guitarrista Baba Salama. Muchos recuerdos en un teatro totalmente renovado.

El Babel Med de Marsella, una cita pendiente desde hacía ya unos años, significó no sólo el reencuentro con Francia tras una larga ausencia, sino también la posibilidad de participar en una interesantísima mesa redonda cuyo título lo dice todo, “Música y Resistencia”. Fue en compañía de Rokia Traoré (Mali) y Canciones contra la Mafia (Italia).

Suecia, en abril y mayo, permitió recuperar algunas de las más emblemáticas canciones del disco “Deseos”, como “Sbar” y “Magat Milkitna Dulaa”, que vuelven para quedarse en el repertorio actual pues no han perdido un ápice de su vigencia: Paciencia y Nunca nos arrodillaremos ante nadie.

En Gotemburgo tuvo lugar uno de los más hermosos talleres celebrados nunca por Mariem y sus músicos. Quince mujeres ávidas de aprenderse algunas de sus canciones consiguieron sacar adelante versiones de “Sbar” y “Tirka” que quedan ahí, para la historia, junto con las que cinco músicos suecos, empeñados en hacer lo propio, dejaron de “El Bleida” y “Gdeim Izik”.

Luego, una aventura rozando el surrelismo, en Portugal gracias al empeño de Sebastiâo Antunes, un músico que, prácticamente ciego vio muy claro, desde el primer momento, el camino por el que ir desde Beira (Portugal) hasta el mismísimo Sáhara. Luis Peixoto fue miembro destacado de esta aventura, así como el resto de la Quadrilha. Mértola, junto al Guadiana, y Lisboa, junto al Tajo, fueron las ciudades elegidas para soñar el periplo. En el Adufe lisboeta, donde no cabía un alfiler, una noche inolvidable al estilo de aquéllas del Suristán madrileño.

Y, enseguida, Roma, Kempen, Düsseldorf, Bruselas, Münster, Herne, Hagen, Köln (Colonia), Wuppertal, Detmold, Sankt Augustin, Hamm, Remscheid, Gelsenkirchen, y La Noche Étnica de Villena, Asturias, Salento con las “Desert Sessions” y … Samarcanda, para seguir soñando.