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El 2 de abril de 2014, Nubenegra ha cumplido 20 años y un día de vida.

 

  En realidad 7.337 días de trabajos intensos dedicados a hacer posible que el deseo y la pasión por la música superen las dificultades y limitaciones cotidianas. Luchando por sacar a flote el arte de todos los músicos y creadores que han hecho suya la idea de Nubenegra y procurando que, ni las leyes del mercado, ni las reglas que rigen el ejercicio público, lo asfixien.

Oficio de equilibrista, el de comerciar con emociones. ¿Cómo empaquetar el aire vibrando, un guiño pícaro, una cándida sonrisa o el temblor de una nota que escapa libre? Imágenes y sonidos transformados en bytes.

Han sido grandes y muchos los momentos vividos. Como cuando dos voces juntaban todas sus fuerzas para enseñar al mundo cómo cantaban los bubis, o cómo suena la arena de un inmenso desierto acariciada por la mano diestra de una saharaui. La nostalgia haciendo de las suyas. Unos críos en Triana saltando salvajes hasta el delirio. Los tambores batiendo el polvo. La sala entera en silencio conteniendo la respiración ante un melisma imposible. La complicidad, la verdad, la mentira, la ilusión, la sabiduría.

Confieso que hemos tenido suerte, mucha suerte. Músicos de muy distinta procedencia. Músicos del pueblo, de los pueblos. Algunos, emigrantes, con pocos recursos materiales y hasta sin esos recursos, pero rebosantes de recursos artísticos con los que han deslumbrado a las mismísimas luces de los platós de la televisión o el cine.

Aplaudidos en los escenarios, respetados por los medios de comunicación, han mostrado su arte en auditorios, festivales, teatros y casas de cultura de medio mundo. Han cosechado ovaciones y bravos del corazón del público con el que han vivido el momento mágico en el que el escenario desaparece y todos nos instalamos en una nube cegadora, músicos, cantantes, espectadores, managers, técnicos, promotores, críticos...

Todo gracias a que un día de marzo de 1994 cinco maravillosos viejitos, en una isla del Caribe, aceptaron encantados poner en marcha un tren. El tren de la Vieja Trova Santiaguera. El tren de Nubenegra. Sin ese tren no hubieran sido posibles cerca de un centenar de producciones, más de un millar de canciones grabadas, infinidad de conciertos y todo lo que ésto supone. Descubrir, conocer, saborear y, en definitiva, amar la música de lugares poco transitados. Y con ella a sus intérpretes y creadores.

No quiero dar las gracias a nadie por estos años de trabajo y colaboración. Quiero compartir y celebrar la felicidad de esos 20 años y un día con todos los protagonistas, hayan estado a este o al otro lado del telón. ¿Quién sabe si terminaremos celebrando también la Cadena Perpetua?


Manuel Domínguez