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BIDINTE

 

  Bidinte tiene una sonrisa increíble. Cuando fuerza la mueca y sus labios se despegan y su boca dibuja una luna brillante, acostada, su cara se ilumina radiante y en sus ojos salta la chispa de la vida que permanecía al acecho.

Bidinte es uno de esos creadores que desde pequeño sabía lo que quería hacer y que, con el paso de los años, sigue sabiendo lo que sigue queriendo hacer.

En sus canciones es donde mejor se define y donde mejor retrata su mundo. En aquellas que corresponden a su primer disco nos acerca a su tierra, N’tacha, Bolama, Guinea... Esa tierra que dejó atrás buscando el lugar donde poder desarrollar su ideal artístico. En Kumura nos habla de sus gentes y de algunos hechos cotidianos, más o menos extraordinarios a nuestros ojos, que marcaron su juventud. Sucesos, a menudo con un fondo trágico, que guardaba en su corazón para lanzarlos a los cuatro vientos, miles de kilómetros al norte.

Quien se detenga a escuchar un momento, en seguida advertirá una supuesta contradicción entre unas letras dramáticas y una música alegre sin un atisbo de desesperanza. ¿Cómo, si no, cantar a un centro de leprosos e inválidos mentales? Y es que Bidinte, comprometido con vivir la vida, es una persona muy sensible al dolor. Le importan poco los muertos. Le importan los que sufren, los que no pueden gozar de cada minuto que se nos está permitido respirar.

Especialmente conmovedora es una canción, «Ke cu minino na tchora», inspirada en un poema del desaparecido Jose Carlos Schwartz.

¿Por qué llora el niño? Tiene dolor en su cuerpo. ¿Por qué llora el niño? Estará harto de ver tanta sangre. Vinieron los pájaros grandes con sus cuerpos de fuego, vinieron los pájaros grandes con sus huevos de muerte. Cazadores desconocidos, por equivocación -dicen- dispararon a las aldeas. Cazadores, negros como nosotros, se equivocaron y dispararon a los campos. Los campos ardieron y las aldeas también. Nos duele, nos duele el alma.

Aunque en los primeros compases la guitarra desgrana unas pocas notas nostálgicas, inmediatamente el ritmo se aviva y es una alegría lo que se transmite. El milagro de Bidinte es que cuando grita-canta el estribillo

Mato kema, casa kema. Dur, dur me no alma.

El dolor, la tragedia se hacen explícitos, sin destruir ese clima amable que todo lo envuelve.

La rumba del viajero, la única cantada en castellano, incluída también en Kumura es el colofón de toda esta primera etapa que concluye con la llegada a España. Es una declaración de principios:

Yo vine de un pueblo lejano, un pueblo pequeño y humilde, Djonson di Bambucuña. Tengo pena en mi alma pobre; sólo quiero cantar. Yo ando buscando un amigo, ando buscando un amor, noches de vino y tambor, sólo quiero bailar. Soy un mensajero,traigo cartas de amor. Soy un mensajero, traigo amor y pasión. Quiero una luna de plata... Ya voy retrasado.

El soporte es una rumba a caballo entre África y Europa con el flamenco por medio. El flamenco que cuando por primera vez escuchó, de paso por España, prendió en su corazón como un encendido flechazo de amor.

Ahora en Iran di Fanka’s, su segundo trabajo discográfico, se ocupa de su etapa actual en la que al recuerdo permanente de su tierra se suman las circunstancias nuevas que le han tocado en suerte. Como anticipo, en el disco de La Banda Negra, adelantó «Samba de emigraçâo». Ya el título indica que se sirve de un baile para tratar una realidad que vive en su propia carne.

Venid por mí, os suplico. Venid, que solo no puedo. Venid, mi tierra me llama desesperadamente. Paso noches sin dormir. Mi esperanza es un día poder volver, aunque sea hasta la orilla del mar. Ven, mi pequeña, con las olas del mar. Ven, mi pequeña, aprovecha el viento. Que el mundo es ingrato, ven con las olas del mar.

Esta segunda obra está elaborada de un modo muy distinto a Kumura, grabada en las horas libres de un estudio de grabación, sin posibilidad de una mínima continuidad en el proceso creativo. Fanka’s es un término criollo portugués que tiene que ver con el hálito vital, con los espíritus beneficiosos; con la inspiración del alma en lo positivo de la existencia humana. Y para explicar lo importante que para él son esos fantasmas buenos que flotan continuamente alrededor de su cabeza, Bidinte reparte sus canciones entre esos polos magnéticos sobre los que armar melodías y ritmos: Guinea-Bissau y el flamenco.

Durante varias semanas previas a la grabación, Bidinte se encerró con Paco Cruz, excelente guitarrista flamenco con el que se entiende a la perfección. De allí salieron armonizadas una serie de canciones que estructuradas alrededor de la guitarra de Bidinte respiran flamenco por los cuatro costados, gracias a los detalles y figuras incorporados por la guitarra de Paquito.

Por otro lado, desde la distancia, Guinea-Bissau termina convirtiéndose en África. El sentimiento de la tierra natal se agranda hacia una idea panafricana, debido a la visión global que desde España adquiere de sus hermanos. Y para no perder en ningún caso la africanía de sus composiciones, Bidinte ha tocado todas las percusiones básicas. Así las canciones se mueven a su aire, sin posibles intermediarios que tergiversen los movimientos de los Fanka’s.

Hay una canción de la que he sido testigo de su gestación y que ilustra muy bien el quehacer de Bidinte. Se titula «A Campamentos» y quiero contar cómo la viví.

En mayo del 2000, Bidinte viajó en una expedición al campamento de refugiados saharauis en Smara con motivo de la celebración del segundo festival Sáhara en el Corazón. Fueron cuatro días intensos en los que cientos de niños que correteaban libres por las ardientes arenas absorbieron poderosamente su atención. Y es que en medio de aquella inmensa tragedia, en medio de su propio sufrimiento, los niños con sus juegos, sus gritos, sus miradas curiosas, representaban la vida pletórica de energía. Y de allí se trajo una canción dedicada a un continente que sufre. La letra no puede ser más clara.

Un día, en mi vagar por el mundo, me encontré en los campamentos. Vi gente sufrir. Los niños me dijeron que había llovido, pero que el dios se había bebido todo el agua. ...Decidle al Sáhara que no llore más, que un día todos sus hijos volverán a casa. ...África agoniza y el mundo entero calla la boca.

África clama socorro y el mundo entero le da la espalda. Si África se muere el mundo entero se revolverá. Las Américas arderán. Europa arderá. Asia arderá. Australia arderá. Cuando empezó a trabajar la canción era como un lamento doliente. A mí me recordaba a los cantautores occidentales, pero Bidinte me decía: «Manuel, espera a que estemos en el estudio». Semanas después, una noche al entrar en Axis para ver cómo iban las cosas, me encontré bailando a Bidinte con una sonrisa de oreja a oreja.. Estaba feliz, como pocas veces lo he visto. Y se movía mecido por una música saltarina en la que había ecos de varios rincones de África y también de lo que los portugueses llevaron en sus conquistas.

¡Y allí estaba su canción! Transformada, o, mejor, plasmada tal y como él la había soñado en los campamentos saharauis. Creo que nunca aquel erial perdido en la Hamada argelina ha inspirado algo tan alegre. Gracias a los niños y a un poeta de Guinea-Bissau que se siente niño y le gustaría seguirlo siendo, o sintiéndose, hasta la eternidad.

Manuel Domínguez