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WAFIR

 

  Nilo Azul por Paco Nadal:

Como un desfile ceremonial, el Nilo se desliza sobre las ardientes arenas de Nubia. Limo y agua. Muerte y resurrección. A su lado, a ambos lados, una cinta verde trastorna los infinitos ocres del desierto en verdes jugosos. Es el milagro de la vida. Nubia, reminiscencias bíblicas: esclavos, ébano, riquezas, exotismo. Un desierto de infinitas llanuras, mezcla de terror y misterio. Y partiéndolo en dos, el Nilo, el río de los reyes y los dioses difuntos, que decía Olivier Rolin. ¿O mejor decir los nilos?. El Nilo Azul llega poderoso desde las montañas etíopes. Arrastra toneladas de tierra africana, millones de metros cúbicos de un barro maleable, huidizo y poroso que lleva impresa entre sus arcillas la esencia de África. El Nilo Blanco, el Nilo de Burton y Speke, es el de los grandes lagos, el Nilo más negro por mucho que lo bautizaran Blanco unos blancos que creían ser los primeros en descubrirlo sin percatarse que los africanos llevaban siglos viviendo, riendo, amando, muriendo en sus riberas. El eterno etnocentrismo de los blancos. También está el Bahr el Ghazal, el río de las gacelas, un afluente que drena el exangüe cauce del Nilo Blanco, herido de muerte en el Sudd, y le inyecta fuerza para llegar engalanado y vistoso a la cita en Jartum, el cuerno del elefante, a partir de donde todos los nilos serán uno solo, con la hercúlea y hermosa tarea de rasgar en dos el desierto de Nubia antes de alcanzar por fin su desembocadura. Nilo, los nilos. En sus riberas un pueblo de agricultores y nómadas creo una de las más grandes civilizaciones de África. Una cultura que llegó a rivalizar en poder y conocimiento con el Egipto faraónico, cuando en Europa aún caminábamos con taparrabos y a cuyos misteriosos rincones nos transportan estos ritmos sudaneses de Wafir.

(recomendamos la lectura de "El cuerno del elefante" Paco Nadal,
-Viaje por Sudán al corazón del islam africano- National Geographic).

As a ceremonial procession, the Nile flows on Nubia’s fiery sands. Silt and water. Death and resurrection. The desert’s infinite ocher color is disrupted by the river’s green borders transforming it to juicy green. It is life’s miracle. Nubia, is a biblical reminiscence: slaves, ebony, wealth, exoticism. A desert of infinite plains, a mixture of terror and mystery. Olivier Rolin once said the Nile is divided into two parts: the river of the Kings and of the deceased Gods. Or is it better to say the Niles? The Blue Nile powerfully crosses through the Ethiopian mountains. Millions of cubic meters of malleable mud being dragged through the African land, elusive and porous, the African essence is within it’s clay. The White Nile, the Nile of Burton and Speke, is fed from the big African Lakes. Even though it is the blackest Nile, the white man baptized it as “white”. They thought they were the first to discover it, without realizing that the African people were there for centuries living, laughing, loving, dying on it’s shores; the eternal ethnocentrism of the white people. And there is the Bahr al Ghazal, the river of the gazelles, a tributary that drains into the diminished riverbed of the White Nile. While the White Nile was losing life and strength at al Sudd, it forcefully injects itself making it decorated and visible at the meeting point in Khartoum, the elephant’s horn. Here is where all the Niles join into only one river, finally reaching it’s the mouth after the beautiful and strong task of splitting Nubia’s desert into two. One of the greatest African civilizations was created on the riverbanks from it’s agriculture, natives, and nomads. It was a culture that strove against Pharaonic Egypt in power and wisdom, when Europe was still walking in loin cloths, and through whose mysterious corners we were transported Sudanese rhythms from Wafir.

English translation by William Cooley.