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SEPTETO SANTIAGUERO

 

  Septeto Santiaguero: 8 años de sabor. Por Alden González Díaz Fernando Dewar fundó El Septeto Santiaguero, el 2 de febrero de 1995.

Desde muy temprano en la carrera del Septeto, logró convertir sus actuaciones en algo relevante, su directo siempre ha sido profundo, potente y vistoso. Lo impresionante de sus actuaciones ha sido aplicable a muchas audiencias en gran parte de Europa, México, La Habana, pero sobretodo en Madrid y Santiago de Cuba.

Con mucho tino El Septeto se ha ido convirtiendo en un suceso para la vida musical santiaguera. Exactamente a propósito de su octavo aniversario mucho público se congregó en la Casa de la Trova desde mucho antes de comenzar el concierto anunciado, confirmación de expectativa. La actuación servia además de reencuentro con los escenarios de la ciudad, pues desde mucho antes de partir a su gira europea de noviembre del 2002 no se presentaban en Santiago.

Entre los concurrentes que repletaron la Casa de la Trova y sus exteriores, para observar por los barrotes, se encontraban Eliades Ochoa, afuera, y Reynaldo Creagh, adentro.
El comienzo muy puntual, exacto a las 12:30, tal como se habia anunciado, casi ciencia-ficcion. Desde los primeros acordes se dejó sentir la fuerza del sonido ''Santiaguero''.
Inusual el comienzo con El guaguancó es más sabroso, obviando el tema de presentación, para confirmar lo vital de una sonoridad auténtica y bien engrasada. Dicho inicio hizo notable la presencia de Robertico Torres, ex-Eliades Ochoa y el Cuarteto Patria, aportando solidez y riqueza al ritmo, así como redondez a los coros.

El repertorio seleccionado para el concierto fue muy bien pensado, no hubo baches en el interés de los presentes. Por supuesto hubo momentos que llevaron el disfrute del público a su climax, eso se logró sobretodo en Flor de ausencia, La jelenguera, Caminaré y La pulidora.
En Flor de ausencia se dió lo mejor de la tarde. Reynaldo Creagh volvió a encaramarse en un escenario para cantar de forma magistral el clásico de Julio Brito, sin ensayar. Tony Rodón, antiguo cantante del Septeto, recordó viejos tiempos compartiendo con su colega Chencho Heredia, la emoción de cantar junto a Creagh. La audiencia sabía que era testigo de un hecho de excepción y se prodigó en aplausos y exclamaciones.

Tambien en La pulidora hubo más de una voz. Dewar ya en el montuno invitó a Ismael Borges, de los soneros jóvenes más relevantes de Santiago, y este puso a gozar a todos con su soneo coherente. Rodón no se resistió y volvió al entarimado, la controversia entre Ismael, Tony y Chencho fue plausible.

Casi dos horas después de comenzado este concierto-celebración (con todo y brindis) constatamos que el Septeto Santiaguero es, sobretodo, para disfrutarlo en vivo. Para agradecer el derroche de energía, la precisión en escena, la transmisión de sabrosura. Da mucho gusto deleitarse con el movimiento escénico, el sentido coreográfico de sus tres cantantes; Reynaldo Caballero, Chencho y Rudens Matos hacen que el Septeto Santiaguero supere al standard de las formaciones tradicionales cubanas en ese aspecto.
Llamativos los solos de Fernando Dewar en el tres y Pepe Delgado en el bongó. Bien interesantes los aportes individuales de cada integrante del grupo para el amarre, el team work. En ese sentido debo detenerme en la ejecución de la guitarra de Rudens Matos, no se limita al apoyo armónico, sus contratumbaos en los montunos son como el ajo en los aliños de la comida cubana; también notable su acompañamiento en el cuerpo de Caminaré, pieza magistralmente interpretada por Reynaldo Caballero y que paró de sus asientos a todos.

En fin la tarde del 2 de febrero del 2003, significó la reafirmación de 8 años bien aprovechados, básicamente en función de alimentar un sonido distintivo y compacto, santiaguero. Definitivamente fue una tarde de sabor.

Alden Gonzalez Diaz>