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Cuando Marcelino Guerra comenzaba, ya los sextetos de son se habían apoderado de las pistas de baile habaneras. Eran los años 20. El sabroso son había surgido en las montañas orientales y consistía de varias franjas rítmicas ubicadas en una novedosa polirritmia que acentuaban los instrumentos percutientes. Ajustándolo a un tiempo lento -aportación desarrollada en la capital- sirvió para sustentar líneas melódico-rítmicas como el bolero, que se agarra de ese marco para liberarse de la rigidez estructural en que se encontraba atrapado, sin perder expresión ni sentimiento.

A La Habana llegaría Marcelino Guerra en guerra en 1931. Músico autodidacta, lleno de ambiciones y esperanzas. Natural de Cienfuegos, la misma perla del sur de donde surgiera la afamada orquesta Aragón, nuestro novel autor bebió el son del santiaguero Rafael Rebuifero, integrante del Sexteto Cauto, quien le enseñó a tocar la guitarra en medio de la revuelta popular de 1933 contra el dictador Machado. Dotado de una buena voz, corpulento y jovial, y con un oído sintonizado en África, ese mismo año se incorpora al Septeto Habanero en la academia de baile Havana Sport. Poco después, Ignacio Piñeiro, el autor de tanto sones famosos, lo manda a buscar porque necesitaba la segunda voz de Marcelino en su exitoso Septeto Nacional.

Huérfano a los cinco años, criado en Cienfuegos por la abuela materna junto a sus hermanas, Rapindey ganó su sobrenombre por los recados que realizaba a toda prisa. En Sancti Spíritus pasó algunos años de su adolescencia, siempre buscando la manera de acariciar una guitarra. El ambiente que encuentra Rapindey en La Habana no podía ser mejor para sus propósitos. Estaba pasando de moda que se crearan boleros donde simplemente se poetizaban palabras que se acomodaban al uso de la fórmula del cinquillo (en compás de 2/4: corchea-semicorchea-corchea-semicorchea- corchea) , que se solía emplear en compases alternos. Algunos compositores habían comenzado a musicalizar versos de poetas que tenían la literatura como su mayor preocupación.

En 1932 le presentaron a Julio Blanco Leonard, que además de ser bailarín escribía versos. Juntos sacaron muchos números, como esta bellísima La clave misteriosa, estrenada por Pablo Quevedo en la CMQ con la orquesta de Cheo Belén Puig, y que aquí cantan Reinaldo Hierrezuelo, voz prima y Rapindey haciéndole la segunda voz.

Por eso no es de extrañar que Rapindey compusiera Convergencia en 1938, con letra del místico y poeta bohemio Bienvenido Julián Gutiérrez, alcanzando un grado de refinamiento musical que ha ganado página aparte en la creatividad de la canción cubana. Pablo Milanés lo grabó hace algunos años con el malogrado insomne Emiliano Salvador al piano, pero a un tiempo, más vivo que el acostumbrado. Aquí aparece interpretado por una de las mejores voces de Cuba: Omara Portuondo. En este número, Rapindey le acompaña como segunda voz, su gran especialidad, que le valió desde los años 30 para formar parte de diversas agrupaciones, corriendo de una emisora de radio a otra, haciendo honor a su apodo.

Otros factores que coadyuvaron al desarrollo del nuevo bolero en los años treinta fueron los éxitos que alcanzaría el teatro lírico. Son precisamente los cultores del sainete y la revista musical, además de otros compositores con un bagaje técnico calificado, los que logran recuperar viejos ritmos y cultivar música de trova de calidad, adaptándolos y estilizándolos, pero siempre afincados en ese fenómeno de transculturación musical que fundió manifestaciones africanas y europeas. Jaime y Rodrigo Prats, Emilio Grenet, Ernestina Lecuona y José Marín Varona.

Para entonces , Rapindey ya había formado parte del Septeto Siboney, que amenizaba las noches del Casino Nacional, bajo la dirección del bajista Alfredito León. Dicho septeto dió la oportunidad de lucirse a un joven cantante de sonrisa franca que alcanzaría grandes éxitos : Vicentico Valdés.

Rapindey pasó luego al Sexteto Cauto que dirigía Manuel Borguellá, cantando junto a Panchito Riset en el cabaret Sans Souci. En los años 30 el grupo femenino Anacaona le grabaría el bolero Maleficio, con letra de Blanco Leonard.

En 1938 nuestro autor cantaba con el conjunto de Arsenio Rodríguez, que tenía un programa todas las tardes a las 17 horas en la radioemisora Mil Diez. El criollísimo Trío Matamoros alternaba con Arsenio, quien le grabó el son Sandunguera en 1940.

Cuando Rapindey deja a Cuba en 1944 para grabar números propios en Nueva York, se nota inmediatamente su ausencia, porque falta la mejor segunda voz. Los nuevos conjuntos ( exceptuando algunas ) explotan solamente la voz prima del solista , abandonando la vieja práctica sonera de cantar en armonía.

En Manhattan, sus composiciones fueron interpretadas por diversos grupos. Frank Grillo Machito había formado un segundo AfroCubans porque tenía mucha demanda y nuestro autor se convierte en voz líder de la orquesta. Esta gran orquesta había sido fundada en 1941 por el trompeta Mario Bauzá, el decano de los músicos cubanos en Nueva York.

Rapindey compuso varias guarachas para Graciela, la hermana de Machito. Cuando éste se marcha al servicio militar, es la propia banda de Rapindey con Gilberto Ayala al piano, la que ocupa las mejores posiciones. Son los años de la posguerra y los artistas cubanos riegan sus canciones por todo Nueva York.

En el propio 1944 y en Manhattan , Rapindey conoce al recién formado Trío Los Panchos, quienes inmediatamente hacen suyo: Me voy pal pueblo / hoy es mi día / voy a alegrar toda el alma mía , compuesto en momentos de nostalgia por su tierra lejana y que en esta versión se enriquece con la sandunga de Jacqueline Castellanos y el tres de Reinaldo Hierrezuelo.

Sin embargo, la década del 60 fue muy dura para Rapindey. Deja su orquesta y se embarca en la marina mercante durante varios años, hasta que René López, un productor de discos que todavía conserva el último tres que tocara Arsenio Rodríguez, lo rescata y lo conecta con la salsa que se viene gestando en Manhattan. Así es como Rapindey vuelve a renacer en el segundo de los dos soberbios álbumes que produjera el Grupo Folklórico y Experimental Nuevayorquino en 1975 y 1976 : Conceptos en unidad y Lo dice todo. No sólo hace de segunda voz a un joven Rubén Blades, sino que el Grupo le interpreta Díme la verdad, un bolero-son que revive el sabor de los viejos septetos cubanos.

Rapindey deja los escenarios y se retira a España, más concretamente en Alicante, donde falleció pocos días antes de la presentación de el disco compacto Rapindey editado por Nubenegra en Bilbao.

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