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Nestor nos cuenta su historia:
Habíamos montado un grupo para recuperar un tipo de música a punto de desaparecer en muchas partes de Venezuela. Las agrupaciones que interpretaban el tambor en Maracaibo distorsionaban su verdadero origen y su forma de ejecución. Corría el año de 1993 cuando asumimos el compromiso de traer de las costas el verdadero tambor venezolano, con su forma de ejecutarlo, la manera de cantar, la expresión corporal y el baile, siempre descalzo.

Nos habiamos arriesgado mucho pero tuvimos éxito. La suerte nos sonrió y ganamos mucha plata. Tanta, que se nos subió a la cabeza y todo se fue al traste. Dos de los integrantes de Imbangala, que así se llamaba la formación querían tomar un rumbo que a mi y el resto de los muchachos no nos cuadraba. Asi que nos fuimos. Ellos se quedaron con el nombre porque nadie quería pleitear. Empezamos desde cero con Huracán de Fuego. Ahora, nosotros estamos aquí mientras Imbangala hace mucho tiempo que dejó de existir.

Me llamo Néstor Gutierrez, nací en Maracaibo y soy gerente de Huracán de Fuego. Las cosas se pusieron tan duras que decidimos hecernos empresa, para que todo estuviera más claro. Bueno, a lo que iba, yo estudiaba Zootecnia pero lo mío era la música. Tocaba tambores latinos -las congas- en un grupo de salsa. Poco a poco descubrí que en Venezuela teníamos una gran riqueza de tambores y me dediqué a recorrer el país investigando. Cada pueblo tiene su toque de tambor propio, hasta el punto que los toques se llaman con el nombre del pueblo correspondiente. Cada pueblo cree que sus tambores son los más importantes, pero en cuestión de danza los esenciales son los cumacos. Proceden del Congo y su versatilidad hace que se toquen en muchos lugares de Venezuela, principalmente en los estados de Aragua, Carabobo, Litoral Central y Yaracuy. Ocuparía un puesto similar al de los congas en la salsa. Por su espiritualidad, el tambor que manda es el chimbanguele. Más que un tambor es un complejo de tambores originarios de Angola, del mítico reino de Imbangala. Es el más primitivo de los tambores que hay en Venezuela. Es muy difícil de tocar. Para hacerlo debes pertenecer a una cofradía de chimbanguele, en la que sólo entregan aquellos que son admitidos por los cofrades. Más que de cantos, se debe hablar de oraciones. Hay que respetar leyes muy rígidas y todo está jerarquizado. Manda el capitán, menos en lo espiritual, que quien Ileva la batuta es el capitán de lengua. Están también el mayordomo y los vasallos. La geografía del chimbanguele se limita al area de Maracaibo, estados de Zulía y Trujillo.

Con el tiempo fui conociendo a gente que tenía grupos medio organizados en Maracaibo. Yo tenía el mío propio, Huracán de Fuego, y era al que mejor le iba. Pensé que si reunía en un sólo grupo a los líderes de los otros grupos, nadie podría hacernos sombra. Con algunos de ellos - Tambores de mi pueblo y Fuego, Madera y Cuero - y con otros que mandé buscar, para completar los distintos toques, formamos Imbangala ya que aceptaron todo menos mi nombre.

Uno de los primeros en colaborar fue Carlos Talez, autor y cantante de Bomba que bomba. Él procede de Palmerito, una zona muy rica en lo que a tambores se refiere. Aprendió a cantar y bailar el tambor con su familia, escuchando, viendo y experimentando las distintas manifestaciones del tambor de allí, básicamente el chimbanguele y la gaita de tambora. El chimbaguele es un complejo de tambores que su abuelo, Trine Tález, que procedía de Trinidad Tobago, le logró colocar uno más, el "pujon", con la influencia trinitaria, que es como decir del reino de Imbangala, de donde habían llegado esclavizados sus antecesores. Él hizo, por tanto, que la batería, del chimbanguele pasase de 6 a 7 tambores.

Elvis Sánchez, nacido en el propio Maracaibo, procede también de una familia con raigambe musical. Su bisabuela era una de las cantadoras de gaita tambra de Gibraltar, su pueblo. Su abuelo materno, devoto de San Benito, era tocador de gaita tambora y chimbanguele, llegando a ser primer capitán del vasallo San Benito. El chimbanguele ejerció una gran influencia en él y se dedicó a investigarlo, así como otros ritmos relacionados con él, como el golpe de cumaco, las "parrandas aragueñas" y el "sangueo".

También de aquellos primeros tiempos es José Basabe. Con sólo cinco años de edad empezó a interesarse por el tambor y sus diferentes ritmos. Con el tiempo llegó a estudiar antropología y a aplicar sus conocimientos en el estudio de sus raíces culturales. Es el autor de A orilla e´la quebrá y de la tremenda Encubridora.

Tres de los que hoy están en Huracán de Fuego llegaron a Imbangala cuando ya el grupo estaba consolidado. Ellos son, por orden de antigüedad: Obardo Tales, natural de Palmarito, con ascendentes originaios de Trinidad Tobago, fieles por tanto de San Benito. Con familiares suyos fundó un grupo, Huracán de la Costa, luego formó parte de los vasallos de San Benito y allí tocó chimbanguele. También ejerció en una orquesta de salsa y en diferentes grupos de gaita, todo eso antes de entrar en Imbangala. Es el autor de Tumba la caña, Venezuela canta y El dueño de la rumba.

Ilsaac Angulo (Magui) con cinco años ya estaba en el Kinder Musical del Conservatorio de Maracaibo. Luego toda su vida ha sido una continua dedicación a la música, tanto en coros y agrupaciones vocales, como en bandas en las que unas veces ha ejercido de timbalero y otras de batería. Por sus padres le llega una cierta influencia de Colombia. Suyos son el Lamento y la divertida Arca de Noé.

Nemecio Prieto entró en Imbandala cuando estaba a punto de estallar la crisis que desenvocó en la ruptura. Es nacido en Cabimas, en la orilla oriental del lago, y le dio al merengue y a la salsa antes de dedicarse en cuerpo y alma a los tambores.

El actual Huracán de Fuego se completó con Lawrence Torres, de Maracaibo y con un amplio historial en grupos de gaita y orquesta de salsa. Con Carlos Chavez, de Chuao, estado de Aragua. De una madre devota de San Juan Bautista y de un padre devoto de San Benito, salió un hijo devoto de ambos santos. Sus cualidadades en el toque del tambor lo han llevado a representar a su estado en eventos nacionales. Y con Wilfredo Guzmán, caso raro entre los inntegrantes de Huracán, pues nadie en su familia, salvo él, se ha interesado por los tambores. Eso sí, desde muy pequeño ya andaba convirtiendo en instrumento de percusión todo lo que caía en sus manos. En su historial profesional conicidió con Carlos Chávez en la agrupación Bahareque.

Biography

Huracán de Fuego was born in Venezuela in the Caribbean for the sole purpose of singing and dancing to the drum. The drum, or to be more precise, an array of drums of all shapes, sizes and timbres, were brought to the Maracaibo area and the regions near the coast by black slaves who came from what is today Angola, the Congo and Zaire.

Long after many of these places have lost their traditional forms of drums and drumming, a group of young men thousands of miles away and an ocean in between, have undertaken the task of recovering these lost instruments.

They are the chimbangueles and cumacos, enormous drums played lying on their sides with the musician sitting on their wooden shells and using the heel of his foot against the drumskin to get the right tone.

Only percussion and voices. Caribbean voices with that nasal quality so characteristic of the region. Voices that tell rogue stories like “Bomba, que bomba!” or “La encubridora”. Voices that speak to us of colonization and of slavery on “Rebelión” and “El Negro Primero”. Voices crying over love like on “Lamento”. Voices that bring us news of Venezuela or even look for inspiration in the Old Testament. Songs fashioned around the genuinely black tradition of call and response.

Huracán de Fuego have crossed the Atlantic ocean and left us speechless with their impressive skills. Besides they gave us some classes about how to move the body to the rhythm of the afro-venezuelan drum and showed us some of their secrets about playing them. The group itself proofs the fact that there is much more left to discover in the Caribbean.

The immediate predecessor of Huracán de Fuego was Imbangala. After their split in ´91, Huracán de Fuego was born. The essence of Huracán is the drumming, which they learned from their ancestors. Carlos Talez defines Huracán de Fuego's identity. His songs keep the roots of the black drum clean, which is tied to a very old tradition his family conserves.

Huracán has already published two great albums, Vamos a darle and Agua ¨e Coco. The second has been presented throughout Europe in summer 2003.

Festivals like CAP LATINO (France), MASALA (Germany), LATINOAMERICANDO (Italy), CROYDON (Great Britain) and the WOMEX, which in 2003 took place in Sevilla, have already witnessed that the cumaco drums are pure madness converted by rhythm into runaway passion. Huracán has also been to some outstanding events like the Salón Digital de Madrid or the festival SON LATINOS on the Canaries.

The teaching capacities that the group maintains in their Maracaiban workshop can now be seen throughout Europe with an offer of concerts for students of all ages.

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