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HISTORIA DE LA MANIGUA Y DE CÓMO SE GRABÓ EL PRIMER CD TAL Y COMO ME LA CONTARON SUS INTEGRANTES Y YO LA VIVÍ

Recién comenzado el siglo XXI, Víctor Aguilar y su amigo del alma, Johanny Garnica, andaban enfrascados en la ciudad de Bucaramanga, al norte, donde acaba la cordillera de Los Andes, en la tarea de fusionar los ritmos tradicionales colombianos con el funk y el rock.

En sus inicios La Manigua contaba con Víctor, Johanny y algunos músicos invitados, más tradicionales que ellos. Su formato era tipo folklórico: dos percusiones, un bajo y dos guitarras. Víctor y Johanny ya trataban de imprimir ese toque funk y rock que define el estilo de La Manigua.

Dice la leyenda que en el Amazonas La Manigua es el espíritu de la selva. Que a los que no la entienden, la Manigua se los traga y así pueden ver el mundo y comprenderlo de otra manera, de otro color. Víctor y Johanny se identifican con esa imagen ya que con su música hacen ver al mundo la vida y la música de otra manera. Pero la selva en la que están es una selva urbana. Son muy urbanos pero sin dejar de mirar hacia sus raíces y hacia la música africana e indígena, que se creó en la selva.

El proyecto en sí comenzó con la canción “Juana” que Víctor compuso para su hija. Ella no había aún nacido cuando él la escribió. A partir de ahí fueron saliendo más canciones que, además de la cumbia típica, utilizaron el chandé, la pita pitá, el pajarito, la chalupa, la champeta... ritmos colombianos con raíces africanas. Realizando esa labor, las guitarras y las percusiones demostraron que los ritmos tradicionales son muy afines con el funk y el rock.

Cuando Bucaramanga se les quedó chica se trasladaron a Bogotá donde conocieron a Darwin. Él, avezado percusionista, dio las pautas para estructurar el grupo integrando instrumentos como el llamador, la maraca, la tambora, el alegre etc... a sus ideas rockeras y funkeras.

El repertorio fue creciendo con las canciones nuevas que Víctor iba componiendo. Éste último con los arreglos musicales trataba de crear una armonía entre las dos guitarras y a la vez buscaba un toque muy rítmico que se complementase bien con los tambores. Los tambores y la cadencia del funk. Fue determinante que la compenetración entre Víctor y Johanny funcionase a la perfección. Las canciones de uno como las de otro, las sienten de ambos, y así tanto ellos como sus obras han ido madurando progresivamente.

La Manigua no es ajena a esa corriente creativa que circula por Colombia desde hace 15 años y que ha propiciado la aparición de numerosas bandas con un afán decidido de modernidad abiertas al jazz, al rock, pero generalmente ancladas en los ritmos tradicionales. Ni tampoco a la que recorre América Latina entera que trata de darle a la música un nuevo aire, más acorde con los tiempos.

Después de llamar a muchas puertas en Colombia, los de La Manigua decidieron buscar oportunidades en Internet. Yo recibí un correo en el que me exponían su proyecto y me contaban sus esperanzas. Si me interesaba me podían enviar una maqueta. Les respondí que sí y les animé a que lo hiciesen. Pero no había tal maqueta y tuvieron que grabarla contra reloj, como locos, sin apenas medios pero con mucha ilusión. Cuando la maqueta estuvo en mis manos lo primero que valoré fue el diseño pues habían trabajado las cuestiones gráficas y tenía un cierto estilo. Una foto con seis jovencitos decididos me enterneció. El sonido estaba un poco crudo, como en cualquier maqueta, pero las canciones tenían un estilo identificable. Acusé recibo, les agradecí el envío pero no tomé ninguna decisión por el momento. No recuerdo si es que Colombia me quedaba a desmano o que otros proyectos me tenían muy ocupado. El caso es que dejé pasar prudentemente el tiempo.

Sin embargo, el disco con las seis canciones seguía conmigo y cada vez que lo escuchaba volvía a interesarme. Son funktuno y African beat eran dos buenas declaraciones de principios. Otras canciones resultaban más domésticas, Vete pa’l carajo y La maleta hablaban de despedidas. Pero sobre todo una me picaba la curiosidad cada vez que la escuchaba. Contaba en primera persona una historia familiar, de una niña que iba a nacer y su papá seguía la gestación desde fuera preparándolo todo para cuando llegara. Al oírla yo siempre me decía: esta niña ha tenido que nacer ya, no puede seguir meses y meses en el vientre de la madre por culpa de una canción. Una canción titulada Juana. Así que, cuando el panorama en Nubenegra estuvo más despejado, me volví a poner en contacto con La Manigua.

-Víctor, esa niña de la canción habrá nacido ya ¿verdad?
-Pues claro, tiene cuatro años es mi hija mayor. Ahora tengo una segunda que es todavía bebé.
-Y el disco ¿lo grabasteis?
-Pues no.
-¿Y si lo hacemos ahora?
-Venga

Vía Internet Víctor envió una decena larga de nuevas canciones para seleccionar las que debían acompañar a las seis de la maqueta, que estaba claro que irían en el disco. Había cosas tan buenas como Rumbatacubatá o La negra, o Trabajando todo el día; estas dos últimas con un estilo más desenfadado. Víctor terminó algunas canciones y arreglos que tenía pendientes y reunió a los músicos. La maqueta serviría de base en cuanto a marcar estilo y arreglos.

En el tiempo transcurrido entre la maqueta y el CD el grupo había sufrido modificaciones. Algunos de los músicos que estuvieron, pero que ya no estaban, colaboraron en la grabación. En unos quince días, en torno a la Semana Santa del 2006, se grabó el disco. El estudio era tan pequeñito que el grupo entero no cabía en él. Alejandro Escallón, amigo del grupo y director de Jarana Tambó, banda de fusión en la que en la actualidad están integrados algunos antiguos miembros de La Manigua, ejerció de ingeniero de sonido. Estuvo asistido por Johanny (guitarras y voces) y Darwin (percusiones). Patricia Redondo se encargó de la logística. En Madrid, Hugo Westerdahl, realizó la mezcla y la masterización.

Johanny, que toca la guitarra desde los 15 años, es muy reservado. Lo mejor es poder sacar la música del corazón y a la vez saber escuchar. Combinar estos dos elementos es su clave.Al preguntarle dónde se encuentra más cómodo, si en su faceta de productor o como músico en tocando, Johanny responde que tocando en directo se siente muy bien, pudiendo expresarse con la música ya que se considera un hombre de pocas palabras. Al subirse a un escenario siente que puede comunicar mejor.

Wilmer Guzmán forma parte de La Manigua desde hace dos años. Toca el alegre y dirige la parte percutiva, la tambora y el llamador. Lleva 10 años interpretando música folklórica. Empezó con grupos de danza. Trabajó con gaitas que a su vez fusionaban con el bajo. Actualmente está estudiando la batería. También instrumentos de cuerda como la guitarra, el triple etc...y percusión menor.

Adalberto Freyle toca la tambora. Es bailarín de folklore. Pero sobre todo se ha dedicado a la investigación, viajando a los pueblos de las costas donde hay mucha música caribeña. Estudia bajo eléctrico en la misma academia que Wilmer. También estudia la guitarra y la bandola, y música de las zonas andina y pacífica colombianas.

Zaida Forero toca semillas, maraca, llamador, guacho... Bailarina de danza tradicional, desde hace 5 años está vinculada a grupos de música y danza folklórica. Para ella es importante tener contacto con las tradiciones, viajar y conocer de primera mano los orígenes de cada ritmo porque luego es vital entender y respetar su esencia.

Darwin Escorcia se considera cofundador de la formación actual de La Manigua. Es percusionista pero toca hasta 29 instrumentos, el saxo entre ellos. Se defiende bien en las labores de producción y dirección. Investiga muchos ritmos africanos. Anda empeñado en introducir definitivamente la batería en La Manigua.

Ricardo Moreno lleva en La Manigua casi 4 años. Ha estado en varias bandas y lo suyo ha sido siempre el bajo que lo toca desde los 13 años.

Manuel Domínguez

  Colombia