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Alboury Dabo es, hoy por hoy, el bailarín senegalés más reputado de cuantos residen en España. Muy admirado por sus alumnos, tanto por sus dotes docentes como por su calidad personal, ha iniciado al baile del djembe y el sabar a infinidad de españoles. Su estilo de baile, muy espectacular con arriesgadas acrobacias, contiene muchos elementos de los estilos más modernos, combinándolo todo con una elegancia extrema.

Perteneciente a una familia originaria de Casamance, nació en Dakar el 14 de marzo de 1978. Desde niño se sintió atraído por la danza. La primera vez que se subió a un escenario fue en el 84, en una fiesta nacional, y fue para bailar con un amigo una danza tradicional. Enseguida, siguiendo a sus hermanos mayores, se pasó a la break-dance y con tres amiguitos montó su primer grupo: Bad Boys. Tuvieron que pasar tres o cuatro años para que volviera a lo tradicional.

Su empeño por dedicar su vida al baile tradicional le creó numerosos problemas familiares, especialmente con su padre, quien prefería que el niño fuese de mayor carpintero. La situación se complicó tanto que Alboury, harto de las palizas paternas, abandonó por tres años la casa familiar y se fue a vivir con su amigo y compañero de fatigas Ibrahima Gassama.

Su determinación por ser bailarín era incuestionable y los quince kilómetros que debía andarse para ir -los mismos que para volver- al local de ensayo, no le amilanaron; y eso que a veces se los hacía con un tambor a cuestas. Tenía clarísimo la necesidad de recibir una buena formación y lo sacrificó todo por recibirla. Tras pasar un par de años en Bakalama, una compañía radicada en Fass (Dakar), especializada en la tradición Yola y las danzas de bugarabú y djembé, conoció al que el considera el maestro de los maestros en Senegal, Joe Bouzanzy. Con él estuvo diez años, consiguiendo entrar en su famosa compañía Foret Sacré. Él fue quien le enseñó los tres pilares fundamentales de la danza: dominar su técnica, amar la danza y respetar su fuerte disciplina.

Gracias a Joe consiguió un contrato con otros bailarines para trabajar en hoteles de las Islas Canarias. Su padre no daba crédito que por bailar le pagaran un viaje a las Canarias, le consiguieran el visado correspondiente y encima le pagaran un sueldo. Pero así fue, hasta que aburrido de bailar lo mismo cada noche, a los nueve meses, se vino para la península y se estableció en Madrid donde residían un par de grupos del norte de Senegal, Djanbutu Thiossane y Babacar y los Diengoz, que animaban una incipiente escena senegalesa y, sobre todo, impartían clases de djembe.

El baile de Alboury no pasó desapercibido y a los pocos meses ya contaba con un alumnado fiel que le permitió de algún modo seguir un camino independiente, manteniendo desde entonces una escuela de danza, e impartiendo numerosos talleres por toda la geografía española, sin dejar de colaborar con Mama Africa y con quienes lo solicitaban desde Enrique Morente, Huracán de Fuego (Venezuela) o Cacau Brasil.

Para festejar con sus alumnos los sucesivos cursos, instauró un concierto anual en Madrid al que ha ido invitando a los mejores músicos de Senegal residentes en Europa. En la última de estas celebraciones ha estrenado su ballet “SANU AFRICA” que sin duda constituye un hito, tanto en su obra como en la de la colonia senegalesa en España.

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