WAFIR

retrato de Wafir Wafir es un músico despierto e inquieto. Domina, sobre todo, el acordeón y el laúd árabe; y también los bongos sudaneses -con tres tambores en lugar de los dos habituales- y el saz, y la viola, y el rabab, y los bendires, panderos y las castañuelas (karakeb) metálicas y muchas otras percusiones.

Nacido en Kurdufan, estudió en el conservatorio superior de Jartum y dio sus primeros pasos profesionales tocando el acordeón en los grupos de Abdul Aziz Almubarak, Mohammad Al Amin y Abdul Karm Al Kably.

Desde su llegada a España, hace ya más de una década, no ha hecho otra cosa que enfrentarse a las músicas más diversas en las áreas más inexploradas. El grupo de música antigua de Eduardo Paniagua, el asturiano Hevia, los castellanos de La Musgaña, el flamenco Joaquín Ruíz, los senegaleses Djanbutu Thiossane, Radio Tarifa o las Amistades Peligrosas. Sin olvidar, claro, las colaboraciones con Rasha, su hermana, y con La Banda Negra, con la que compartió, de principio a fin, toda su andadura, y en la que probó muchos de los temas que navegan hoy por el Nilo Azul.

Por eso no es de extrañar que Wafir busque ahora paralelismos entre las músicas de Sudán con las de Irlanda, España o Bulgaria y encuentre siempre un resquicio por el que colarse. Como buen oriental es aficionado a los juegos malabares y así, como por arte de magia, lo complicado resulta en sus manos sencillo. Y la música fluye libre, como el inmenso río al que dedica su primer disco que firma en solitario, de un territorio a otro, sin detenerse en fronteras, soltando a su paso un fecundo lastre de sensaciones, imágenes, ambientes y ensueños. En los que Oriente coquetea con Occidente, en los que el Sur intima con el Norte, volviendo loca a la brújula, que se rinde seducida por los encantos del embaucador.

Nilo Azul retrata cabalmente la rica personalidad de Wafir S. Gibril. Mariem Hassan, Nayim Alal, Iain Ballamy, Josete Ordoñez, Pedro Esparza, Vicente Molino, Ivo y Nasco Hristov, Sebatián Rubio, Salah Sabbagh, entre otros muchos, han aportado su grano de arena a la obra.